
Aún con orgullo, el rey empuñó y alzó su espada al aire.
“Tenemos que estar preparados para la guerra“, gritó, armado de valor.
“Estamos dispuestos a derramar gloriosamente nuestra sangre”, clamaban al unísono los pájaros que habitaban en su cabeza.
Clara del Valle permite la reproducción ocasional de sus microrrelatos bajo previa autorización

Tras una noche compartida en la barra de un bar, la invité a acompañarme para tomar una última copa. Ella dudó por un momento, pero aceptó sin demasiados titubeos. Conforme subíamos las escaleras de casa, recordé las recomendaciones de mi psiquiatra; la sonrisa y alegría de una mujer como ella serían mi mejor medicamento. 

