
“¿Te acuerdas de mí?”, la abordó la desconocida nada más verla en el parque, llamándola por su nombre de pila. Ella respondió afirmativamente, con evidente cordialidad, feliz ante tal encuentro casual. Tras las fórmulas obligadas de cortesía, se preguntaron por la salud, se entristecieron al conocer que ambas habían quedado recientemente viudas, hablaron ilusionadas de hijos e incluso intercambiaron fotografías de los nietos. Fue realmente emocionante asistir al encuentro de dos amigas tras largos de ausencia.Tras despedirse de nosotras, le pregunté a mi abuela quién era aquella señora tan amable. Ella respondió: "no lo sé".