
Después de tantos años, ya no nos cruzamos ni una sola palabra. Tus ojos no tienen el mismo brillo y mi paso, es cada vez más lento. Estoy cansada de jugar al escondite con esta ridícula caperuza roja, mientras que tú, fiel a tu papel, finges acecharme desde cualquier esquina. No te creas; todavía queda algún apuesto leñador dispuesto a socorrerme. Las abuelitas ya no nos acostamos tan temprano.

11 comentarios:
En este cuento me pido el papel de leñador!!!
Un beso, amiga.
Se cambia..nada queda inerte al paso del tiempo...si se pudiese elegir el papel en una segunda existencia...seguro que no volverías a ponerte la caperuza del mismo color...salud
Las abuelitas tienen más peligro que los lobos.
Y las niñas... no son ya inocentes.
Quizá en la cestita haya drogas de diseño en lugar de dulces y miel.
Besos.
Los cuentos han cambiado, antes había demasiado cuento.
Hay cada abuelita pr ahi, que deja al personal helado con su vitalidad.
La modernidad lo cambia todo. Especialmente, esos macabros cuentos infantiles.
En estos tiempos los lobos han perdido los colmillos y son las caperuzas las que no tienen miedo de morder, no para comer, sino para abrirse paso, dejando la canastilla a un lado... y al leñador, anonadado.
Saludos!, buen blog, buenos escritos.
las abuelitas también pueden ser lobos..
Al final todo acaba cansando.. y mas las cosas que no descubrimos por nosotros mismos, si no que todo el mundo conoce.
Muy bueno el relato.
Un beso
te tenía olvidada pero ha sido todo un placer ponerme al día... enhorabuena... ya lo decían lo bueno si breve dos veces bueno... eres grande en lo pequeño, besos
Te he encontrado a través de Minificciones, me ha gustado mucho este cuentecillo... Yo también le he cambiado un par de veces el final a Caperucita, jejeje!
Saludos!!
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